
Un fenómeno social que preocupa a expertos en salud mental y género está ganando visibilidad en el mundo: los incels, término derivado de “célibes involuntarios”, que identifica a hombres que aseguran no poder tener relaciones afectivas o sexuales y que, en muchos casos, desarrollan resentimiento hacia las mujeres.
Este movimiento, surgido en comunidades digitales de Estados Unidos, se caracteriza por su discurso de odio y misoginia, donde algunos de sus integrantes culpan a la sociedad y al feminismo por su falta de éxito romántico. Lo que comenzó como un espacio de desahogo en internet ha derivado, en ciertos casos, en comportamientos violentos y extremistas.
En varios países, se han documentado ataques y crímenes de odio cometidos por personas vinculadas a esta ideología, que promueve la idea de que las mujeres son responsables de la frustración emocional o sexual de los hombres. Estos hechos han encendido las alarmas sobre la forma en que las redes sociales pueden amplificar discursos de odio y generar comunidades cerradas que refuerzan la violencia.
Aunque el movimiento incel surgió en Norteamérica, su influencia comienza a sentirse también en Latinoamérica, donde los patrones de frustración, aislamiento social y rechazo afectivo entre jóvenes se reflejan cada vez más en foros y plataformas en línea.
Especialistas en comportamiento humano advierten que la falta de educación emocional, el machismo arraigado y el uso inadecuado de las redes sociales pueden facilitar la expansión de estos grupos. Además, subrayan la necesidad de promover una educación afectiva y de género que permita gestionar las emociones y construir relaciones más sanas y respetuosas.
El desafío no solo está en frenar la violencia derivada de estos espacios, sino también en entender las causas profundas que la originan: la soledad, la frustración y la carencia de referentes positivos en torno al amor y la masculinidad.





