
Ir a restaurantes esta costoso el comerse esos platos que le gusta degustar, hay que pagar, en promedio, 18,2% más que hace un año, de acuerdo a los datos del Dane sobre la inflación.
Por su parte los propietarios están haciendo malabares para no hacer notar ese sobrecosto y espantar a los comensales.
El detalle de esto es que la comida se encareció 22% y esto hace que más de uno se lleve las manos a la cabeza y empiece a pensar de qué manera se resuelve frente a esta situación, sumado a esto se ha visto una caída en las ventas en los últimos meses.
Algunos propietarios de restaurantes están sacrificando margen de ganancia, aun así les ha sido imposible el evitar ajustar la carta y subir precios. En ese sentido, dice Guillermo Gómez París, presidente de Acodres, gremio de los restaurantes del país, las ventas bajaron un 25% en enero y un 31% en febrero en comparación con los mismos meses de 2022.
El líder gremial, señala que el cliente fiel está sacrificando la entrada o el postre, o incluso ambos porque el bolsillo no está dando para tanto. El fenómeno ya hasta se observa en las propinas: “en varios restaurantes no están sugiriéndola porque impactan mucho el precio (…) y así la sugieran los clientes han dejado de darla” indica
Los dueños de restaurantes ven como la inflación ha sido un reto en varios frentes. Por ejemplo, el precio de los productos lácteos que compra para abastecer el negocio normalmente subía una vez en el año, pero últimamente lo hace cada mes, esto para ejemplificar lo que ocurre con muchos productos alimenticios.
Por su parte los empresarios están a la expectativa de los debates que están por arrancar en el Legislativo y le piden al Gobierno establecer un régimen especial para bares, restaurantes y hoteles con mayor flexibilidad en horas extras y recargos. A su juicio, se está exigiendo mucho en materia de impuestos, pero no se ha entregado ningún tipo de estímulo en esta difícil coyuntura.





